Latina se escribe con mayúsculas

Por Elio Leturia –

Una mirada fugaz, una sonrisa breve, un andar pausado y cadencioso podrían ser algunos de los atributos que se me vienen a la mente cuando pienso en una latina.

Estereotipos de lado, las mujeres latinas tienden a ser más sugestivas que directas. Basta crecer en un ambiente en el que el hombre presenta mayor poder de decisión para que una latina sienta que su papel será más receptivo que decisivo. Sin embargo, esta postura genera en la mujer otros atributos dignos de mencionarse. A falta de fuerza, presenta tesón, a falta de control, desarrolla el poder de convencer, a falta de la “última palabra” ella tendrá la penúltima y quien sabe si una posterior a la última.

En mi experiencia, he observado que los hombres de cultura latina se sienten medio incómodos al frente de una mujer poderosa, decisiva, solvente. Cuando vemos que ellas tienen toda la “sartén por el mango” qué nos queda a nosotros por ofrecer? Si bien aboco por una independencia femenina, nosotros nos sentimos mejor siendo necesitados que siendo accesorios. Si no me creen, pregúnteles a las feministas.

La mujer latina ha aprendido a navegar los caminos de la testosterona.

El baile es una de las armas más poderosas. El coqueteo, el desafío y la sutil provocación resultan difíciles de ignorar. La mujer latina sabe cómo atraer a su pareja. Si bien ha vivido mucho tiempo bajo el yugo del macho, la fuerza de su delicadeza se hace claramente visible. Y no me refiero a la delicadeza como debilidad sino como virtud.

¿Sexo débil? No lo he evidenciado mucho. He visto mucho “sexo débil” con cara de ovejas y corazón de leones.

He conocido muchas mujeres en mi vida. Desde la matriarca de mi abuela paterna quien ordenaba a diestra y siniestra con total poderío y sumía bajo su mando a esposo, hijos e hijas, a mi abuela maternal quien manipulaba a la familia con cuentos de calleja, hasta novias y amigas altaneras, sumisas, extrovertidas e intelectuales. No puedo dejar de mencionar a la profesora de primer grado que nos pegaba en la palma de la mano con una regla o a la profesora de inglés, madre de la Miss Perú, que nos enseñaba la lengua con firmeza y gracia al mismo tiempo. Algo que siempre ví en común es que el desafío frontal nunca ha dado los mejores resultados.

Siempre ha exisitido una negociación entre la pareja, en la que el varón pareciera haber obtenido la mejor parte de la transacción. Dije “pareciera” pues no siempre es verdad. Nosotros los hombres necesitamos “creer” que obtuvimos la mejor parte, aunque la experiencia nos demuestre que no siempre es así.

Un hombre dominado por su mujer no es visto con ojos de respeto, por ninguno de los dos sexos. El hombre “pisado”, ‘sacolargo” es objeto de burla. Nuestra cultura nos empuja a ejercer control sobre nuestras mujeres. Pero todo depende del cristal con que se mira. El truco se encuentra en que una mujer haga creer a su hombre que él es que manda, aunque la mujer sea la que realmente gobierna.

Pero no todas las situaciones son iguales. Prestemos atención y veremos como una mujer latina observa, aprende, se adapta, y con habilidad e sabiduría logra lo que desea. Como personas inteligentes y en contacto con todos sus sentidos, las latinas llegan mucho más allá de lo que muchos sospechamos.

Pero lo que más me gusta es su coquetería, su sonrisa y la mirada que combinan con la fortaleza de su espíritu.

Elio Leturia es profesor de periodismo en Columbia College Chicago.

1 Comment »

  1. avatar kiwilatina Says:

    Estupendo analysis de lo que es la mujer latina. Muy lindo, muchas gracias.

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